Pedazos de mí entre las piedras de Puntamika
Regresé a donde vine el primer día a escribir, no había podido regresar desde entonces.
Zadar es un lugar increíble, creo que es, después de Madrid, el lugar en el que mejor me he sentido.
No sé por dónde empezar a escribir porque fueron varios días lejos de las letras, días llenos de experiencias hermosas, únicas.
No sé si empezar por el día que fui a hacer un tour en barco y me torcí el tobillo enfrente de un búnker italiano de la Segunda Guerra Mundial, o por el día que compartí un rato en una mesa de viajeros de todo el mundo "liderada" por Rob y que platicó que en todo el mundo, en la ciudad que vayas sin importar el continente, siempre hay un "Irish pub" jaja, o por el día que un alemán me bautizó como "Alejandro" porque dijo que era un nombre muy mexicano, o por el día que no salí del hostal en todo el día y Agus, el hostess del hotel me salvó el viaje regalándome su botella de agua con hielo para desinflamarme el pie mientras me contaba que tenía cinco años viviendo en Croacia con su novia y que pronto se casarían, o por mi último día aquí, cuando quise echarme una nadadita y no pude pasar de la orilla porque estaba lleno de erizos y me di cuenta cuando ya estaba a medio camino, entonces regresar se convirtió en una caminata entre "un campo minado".
Sea cual sea el día, lo que puedo garantizar es que estos días en Croacia fueron como un caldito al alma después del resfriado espiritual de Roma.
Vi el solsticio de verano y estuvo increíble. Ese día me puse a observar las rocas de la playa (porque aquí casi todas las playas son rocosas en lugar de arenosas, es rara la playa con arena) y encontré muchísimas con figuritas en ellas, como fósiles, agarré unas pequeñitas y las eché a mi maletín, junto con un pedazo de ladrillo que espero que sea de la civilización romana, con que sea de antes del siglo x me doy por bien servido, si no, pues ni modo, andaré paseando con un pedazo de tabique croata jaja.
El día que estuvimos en el área de fumar "liderados" por Rob, no es en realidad que él estuviera liderando, más bien era el más grande de todos y el que seguramente llevaba más países recorridos, así que nos daba buenos datos y nos hacía preguntas interesantes. Cuando nos contó lo de los Irish Pubs, fue súper interesante porque nos dijo algo así como "si están atascados en una ciudad y no saben qué hacer, pueden buscar un pub irlandés, hay en todas las ciudades del mundo, y ahí siempre hay dos tipos de personas: los expertos y los mochileros. Los expertos les van a dar los mejores datos de dónde encontrar cosas buenas, o cosas útiles, mientras que los viajeros les van a decir cómo ahorrar más." Wow, jaja mucho conocimiento. Rob es un señor de unos 50, calculo, súper alegre y su vibra es de alguien en quien puedes confiar, con una sonrisa enorme y sin sonar pretencioso o presumido, nos platicaba de sus viajes y emocionaba más su propia emoción por contar las cosas. Un poco calvo, no atlético y súper risueño. Gran tipo Rob.
Ese día también estaba Remy, un francés de 198 centímetros, flaco, medio cacarizo, con un inglés súper fluido y un español de España sin distinción entre la s/c/z, de 36, buena onda. Él estará aquí en Zadar por más o menos un mes. Él nos contó que cuando fue a Texas, le extrañaba mucho que en cualquier lugar la gente le decía "hey, how are you doing" o "how's it going" y entonces él se sacaba de onda y terminaba teniendo una plática larga con ese extraño, hasta que alguien le dijo que si quería, él solamente tenía que responder "hey", sin tener que entrar a detallar cómo la estaba pasando o cómo le estaba yendo jaja. Fue divertido porque él pensaba que todo el mundo le sacaba plática.
Siempre que me preguntan que de dónde soy y respondo que de México, a la gente le emociona muchísimo, todos siempre me hacen preguntas sobre la comida, sobre las playas y sobre los mejores destinos para ir. Me da muchísimo orgullo decir que soy mexicano, platico con tanta emoción que la comida ahí es espectacular, que mi playa favorita es Holbox, que el mole es delicioso, que Oaxaca tiene una gastronomía brutal (aunque no he recorrido mucho Oaxaca, será mi primer destino cuando regrese a México), que crecí en Morelia, muy cerquita de donde se hacen las festividades del Día de Muertos, que viví en Guadalajara, cuna del tequila y del mariachi, que en Ciudad de México están los mejores tacos al pastor, que la gente siempre hace fiesta, que somos super unidos y que siempre vamos a incluir a los extranjeros a nuestras bromas y a nuestro humor tan característico. Tengo la esperanza de que algún día se termine la cultura de "el que no transa no avanza", de que la gente empiece a devolver las carteras que se encuentre tiradas, o los celulares o las cámaras, o que devuelvan bien el cambio o que dejemos de meternos el pie unos a otros para evitar el éxito del prójimo y en lugar de eso querer verlos fracasar. Dejen ustedes que los gobernantes dejen o no de robar, porque si nosotros como sociedad somos un fracaso, no podemos exigir nada a los que tienen el poder. Amo mi país y me duele decir que es un lugar muy inseguro.
Al día siguiente de la reunión en el área de fumar con Rob y Remy y Luci y más chavas de Inglaterra que no sé cómo se llaman, fui a un tour en un barco. Primero llegamos cerca de la costa de Galevac, que es una isleta donde hay un monasterio, luego fuimos a la isla de Ošljak, donde actualmente viven solamente 20 personas y durante la Segunda Guerra Mundial fue ocupada por tropas italianas, así que hay un mini búnker (subí foto de eso) y además hay una pequeña iglesia del siglo VI y una villa hecha mierda por los bombardeos de la guerra, de la cuál solamente quedan una que otra pared reclamadas por la naturaleza. En esa isla me metí a nadar a una playa prácticamente virgen, estuvo increíble. De esa isla me arrepiento no haber cortado unas ramas de romero silvestre para integrarlas en el chile habanero seco que me ha acompañado desde México (aunque hoy arranqué dos ramitas del Hostel). Cuando iba caminando en la isla y justo después del búnker, pisé una piedra con el pie derecho y se me torció el tobillo, escuché cómo tronó y pues ni modo, tenía que seguir caminando para conocer la isla.
La última parada antes de regresar a Zadar fue en Kali, la isla más grande que está justo enfrente de Zadar. Ahí primero fui por una cerveza sin alcohol a un bar y de regreso me paré en un restaurante que se especializa en pescados, pedí unas anchoas crudas y un jugo de frutos negros.
En el regreso hacia Zadar, navegando en el Adriático, sintiendo el viento pegarme de frente con el sol cayendo en el oeste vino un pensamiento a mi cabeza: no quiero regresar, quiero ser libre, quiero disfrutar de la libertad de andar por ningún lado y en todas partes. No que no quiera regresar a México, más bien no quiero regresar a las cadenas de nada. No quiero que nada ni nadie vuelva a mantenerme encadenado, pero no se trata de lo externo, se trata de mí: no quiero ser prisionero de mi propia cárcel emocional o mental o como sea. Quiero seguir disfrutando de la libertad que me da el saberme libre, el caminar enfrentándome a mis peores miedos, ganando una que otra batalla, no las puedo ganar todas pero perderlas sería ni siquiera haberme enfrentado.
Cuando llegué, le pregunté a Agus que si conocía de algún lugar en donde pudieran darme un masaje o algo, me dijo que no conocía de algún lugar así, que lo mejor era mantener el pie en alto y reposar el mayor tiempo posible… Al rato llegó a la sala en donde yo estaba tirado y me dio una botella de agua congelada, "che mirá, tengo esta botella de agua ya he tomado por hoy lo suficiente, ponétela y tratá de estar relajado". Obviamente ninguna palabra de las que tildé llevan tilde, pero quiero que lo lean con el característico argentino. Me salvó el viaje. Grande, Agus. Le dije, oye, en la mañana hay otra argentina, qué chistoso, ¿no? – Sí, sí, es mi mujer. La conocí en Argentina hace 6 años, primero empezamos a salir pero le dejé claro que yo estaba juntando plata para venirme a Europa, así que medio la dejamos ahí pero después ella empezó a contagiarse de mi emoción y después ella ya estaba viendo lugares, pasajes, alojamientos, así que decidimos intentarlo unos cinco o seis meses antes de viajar para saber si sí íbamos a llevarla bien, si no, qué lío recorrer el mundo con alguien que no la llevas bien, y aquí estamos desde hace cinco años. Qué chingón ¿no? Encontrar a alguien que se contagie de tus sueños y en algún punto ambos despierten para darse cuenta que los hicieron reales. Ella, Daphne, lindísima.
Ambos me hicieron sentir como en casa, como si tuviera meses viviendo aquí y no fuera un extraño.
Uno de los días que estuve acá salí con un grupo grande de los del hostal, en su mayoría eran alemanes pero todos se conocieron aquí y se hicieron super cuates. De ese día, lo mejor fue que uno de ellos, Sem, un tipo rubio con cuerpo marcado, como de uno setenta y dos, pelo chino y ojos verdes, me bautizó como Alejandro, porque se le hizo un nombre muy mexicano. Un alma de esas que a las tres palabras ya sientes que conociste de hace años, como si hubiéramos ido a la primaria juntos y tuviéramos toda una secundaria de historias. Primero me hizo sentir incómodo porque su presencia es un imán de interés entonces como que con ese tipo de personas me siento chiquito, como los betas cuando llega el alfa, como agachón… Pero bueno, daba igual, solamente estaríamos conviviendo un rato y tenía la posibilidad de irme en el momento que yo quisiera… Más tarde, terminamos carcajeándonos juntos porque tuvimos mucha química y empezamos a hacer chistes y su sentido del humor es súper ácido igual que el mío.
Como a las tres de la mañana el grupo se empezó a deshacer, unos se regresaron al hostal, otros nos quedamos en el antro y otros se fueron a un table dance. Yo me regresé como a las cuatro.
Ayer fue mi último día en Zadar, estuve toda la mañana trabajando y cuando empezó a bajar el sol, como a eso de las cinco, me salí a la playa y pude ver la puesta del sol desde dentro del mar, con el agua refrescante del Adriático, en paz, en silencio... El ruido de Eunice viene y se va, pero cada vez está haciendo menos eco.
En Zadar encontré pedazos de mí entre las piedras de Puntamika, frente al mediterráneo desde la isla en donde alguna vez vivieron tropas italianas, entre las notas tocadas por el Órgano del Mar, en el solsticio de verano, entre ojos turquesas y un pirata real, entre historias de amor que no son mías, entre más despedidas…
Poco a poco empiezo a entender que hay despedidas temporales y despedidas para siempre. Que hay gente que llega y se queda y otra que se va y no volverá. Empiezo a creer que no me fui de casa, sino que estoy a punto de llegar a ella.
Esperaré la invitación a la boda de Agus y Daphne, así tendré un excelente pretexto para volver a Zadar. El lugar en donde encontré una parte de mí que estaba perdida y conocí una que no conocía.