← volver2026-06-17 · 17:32 🇭🇷 Zadar, Croacia

Settimo senso frente al Adriático

Acabo de conocer una de las bebidas frías más deliciosas que jamás haya probado: settimo senso, una crema de café súper espesa y helada que se sirve en una copita coronada con nueces y fondeada con caramelo. Es otro pedo.

Estoy sentado en una cafetería al aire libre, que no sé si es cafetería, restaurante o fuente de sodas pero eso no importa mucho, lo que importa es que está enfrente del mar Adriático, en la línea costera, así que de frente tengo la calle de un solo sentido, un pedazo de jardín como de unos 40 metros y luego el mar. No hay playa, por eso el agua acá es tan cristalina, además leí que el agua limpia del mediterráneo sube por la costa de Croacia y baja sucia por el lado de Italia.

Desperté tardesón, como 11:50, por el ruido de una de mis compañeras de cuarto, una pelirroja muy guapa que duerme arriba (por cierto, me tocó litera de arriba esta vez) así que ella me queda en la cama de enfrente, pero bueno, se estaba arreglando para salir.

Desperté y pues como siempre, me da mucha pena salir de mi cama cuando hay gente porque me siento culpable de roncar tanto jaja.

Me estaba haciendo el ánimo de bajar de mi cama mientras revisaba qué actividades podía hacer hoy, checando rutas, planeando actividades, todo esto en lo que se iba la roomie, pero en eso entró otra roomie jaja chingao, ahora era doble la pena. Empezaron a platicar entre ellas e inmediatamente noté el acento británico de una. Inhalé profundo, exhalé y ¡pum! Abrí la cortina como si no me importara que tal vez no las haya dejado dormir.

–Hey! Tiré con una sonrisa amable viendo primero a la que me quedaba más cerca (ahí descubrí que era la pelirroja que vi ayer en el área de fumar cuando llegué al hostal) Muy amable me respondió y me preguntó que como estaba. Luego la güera de abajo lo mismo, fue amable y me saludó. Por momentos se me olvida que atrás de mis tatuajes y mi aspecto de "cholo" o "malandro" se esconde en realidad un ser humano extremadamente vulnerable que siente que todo el mundo rechaza y mira feo. Tal vez no es así, pero eso siento.

Empezamos a platicar los tres, pero en realidad hablaba más con, Lucie, que me dijo que es de Liverpool, y que se va el viernes. Lili, la de la cama de abajo de Lucie|Lucy es de Alemania.

Preparé mis cosas y me fui a bañar, me vestí y me salí a caminar hasta donde estoy, pasando antes a almorzar porque no comía desde ayer cuando salí del hostal en Roma, como a una de la tarde porque ayer cuando llegué a Croacia ya no había nada abierto a las 11 de la noche.

En el hostal me recibió un argentino que tiene cinco años viviendo aquí. Después de instalarme corrí a la sala del hostal para trabajar y paré hasta las 3 am.

El hostal es un lugar súper bonito, cero pretencioso, al contrario, muy simple y humano como deben ser los hostales. Cosas recicladas, espacios al aire libre, lugares con baja luz, con luz media y con mucha luz, salas para los retraídos y salas para los muy sociables.

El clima de Zadar está increíble, estamos a 28 pero se siente como si fueran unos 25 y hay cero humedad de playa, se siente más como Morelia en otoño o Puebla en primavera. El viento se siente delicioso, como acariciándome la piel (tampoco es poético, es más real que metafórico) no sé si lo han sentido o tal vez lo estoy sintiendo así porque tengo algo que pocas veces he tenido: paz.

Y no es por tirarme al drama pero eso de la paz para mí es algo efímero, es más como un estado inventado por alguien. Lo he llegado a sentir pero es una constante frustración por querer tenerla que dejo de sentirla. Es como si hiciera un gran esfuerzo por tener lo que la gente tiene pero como no sé cómo se obtiene me frustro y es un círculo que se repite hasta el infinito.

¿Y por qué no escribí en Roma?

Roma, Roma… Es un museo al aire libre… Cada esquina cuenta una leyenda diferente, en cada calle hay edificios por donde pasó la historia, es una ciudad hermosa, llena de magia y misticismo, por supuesto que llena de historia como ninguna otra.

En Roma descendí hasta un lugar súper profundo, estuve a punto de cancelar mi viaje y regresar a México.

Cuando llegué al Coliseo el primer día, pensé que iba a sentir un asombro como el que siente todo el mundo pero no fue así. Me hizo sentir muchísima culpabilidad porque sé que hay gente que daría cualquier cosa por verlo en persona y yo que tuve la oportunidad de verlo, no sentí gran cosa, es decir, es impresionante y hermoso y muy imponente pero ya. No me nació hacerle mil fotos, no me nació tomarle video, fue como ver un edificio más, pero regresando a la culpa, me sentí así, como que no merecía estar ahí porque no me extasié como todo el mundo se extasía y entonces empezó el viaje de mí hacia la sombra: hacia esta sombra que me repite todo el tiempo que no soy nadie, que no merezco nada, que no tendría por qué estar siquiera vivo, con el sentimiento de rechazo propio, el verdugo castigador que juzga mis acciones y mis ideas y mis pensamientos y todo de mí.

Así que mientras estuve en Roma estuve luchando contra la idea de regresar, de abandonar mi viaje y regresar a México, tal vez a Guadalajara con Amor (que eso puede que sí lo haga jaja) y regresar a la rutina.

En Roma no quise conocer a nadie, no socialicé con nadie, no hablé con nadie. Estuve en mi soledad, en una introspección muy castigadora, en donde los rayos de luz llegaban a la hora de la comida o de la cena, porque eso me causaba mucho más emoción que tomarle fotos a la Fontana di Trevi|fuente de Trevi o entrar al Panteón de Roma|Panteón; probar un platillo nuevo como abbacchio a scottadito, saltimbocca alla romana o incluso halva (en un puesto de kebabs) me llenaron de alegría, al igual que lo han hecho los callos en Madrid o la paella en Valencia.

En Roma entré al Museo e Cripta dei Cappuccini, wow. Qué manera de los monjes capuchinos de honrar y ver a la muerte, sin duda una lección de vida. Un verdadero monumento a la reflexión de lo que la muerte es, un simple paso más "de la vida", otro escalón, ni más ni menos, un proceso por el cual hay que pasar para continuar el ascenso (sea lo que sea que esto signifique). Es lo único seguro que hay.

Les voy a resumir la cripta: son 6 salas en forma de bóveda adornadas y decoradas con los huesos de más de 3,700 monjes capuchinos, que son una rama de la orden franciscana (fundada por Francisco de Asís). ¿Se imaginan descender unos cuantos pisos para llegar a un lugar decorado con más de cuatrocientos mil huesos humanos sin sentir temor y al contrario, sentir una paz inmensa? Bueno pues yo tampoco me lo imaginaba. Estar ahí, frente a casi medio millón de huesos, miles y miles de cráneos humanos formando figuras increíbles es una experiencia que me llenó de paz: la muerte es solo eso, la muerte. No sé cómo explicarlo pero es reconfortante saber que después de que todo "termine" no pasa nada. Da lo mismo si los huesos se convierten en polvo y son lanzados al mar (como los de papá) o sirven para adornar unas repisas jaja.

En estos días me enteré de la partida al Infinito de tres familiares cercanos de amigos míos, todos de Guadalajara: la mamá de Alex, mi primer vecino; el abuelito de Regina, una amiga que siempre me atendía en el seven eleven y el papá Octavio, un querido hermano de mi madre logia.

¿Qué pasa? ¿Por qué nos duele tanto que la gente muera? Es obvio que no tengo la respuesta, me atrevería a decir que nadie la tiene, pero lo que sí sé es que el dolor pasa. Perder a alguien tan cercano es como perder una parte de nuestro cuerpo. Cuando murió mi padre, sentí que perdía la mitad de mí, como si se hubieran llevado algo de mi. El vacío y el hueco parecerían que nunca iban a cerrar. Días grises y noches negras. Una tristeza profunda, ganas de salir corriendo sin saber a dónde, a buscar a mi ser querido por todas partes, como querer tener el teléfono de Dios y llamarlo para decirle que por favor volviera a respirar, que sin él, yo no podría seguir viviendo. Ganas de intercambiar mi propio aliento por el suyo, para que pudiera seguir aquí conmigo. Los minutos parecían durar siglos, las horas milenios y los días eones.

Uno tras otro, aparentemente más pesado el siguiente que el anterior. ¿Cuándo iba a terminar esta pesadilla? Parecía un sueño, esperaba que un día despertaría sudando y me daría cuenta que nada era real, pero nada era más real que la "ausencia" del viejo.

Me aferraba a la idea de quererlo devolver para mí y solamente para mí. Quería escuchar una vez más sus buenos días o sus buenas noches o sentir un abrazo o un beso o que me agarrara de la mano o que me peinara, porque él nunca dejó de peinarme, pero no como quien peina a un niño para ir a la escuela; él me peinaba como adulto, mientras nos fumábamos un cigarro juntos y me platicaba cómo debía sortear los desafíos de la vida, estando de frente me acariciaba el pelo, me daba consejos y nos reíamos juntos.

El tiempo fue intensificando su ausencia. Pasaban meses y mi celular no sonaba anunciando un mensaje o una llamada. Ya no lo encontraba en los pasillos de la casa, su escritorio en la oficina estaba vacío, la luz de su cuarto apagadas, la cocina ya no era orquestada por aquel maravilloso director…

¡Pero qué ciego había estado! ¡Qué tarde entendí que era parte del Todo y del Infinito y del Universo! ¿Por qué fui tan egoísta? ¡Él ya estaba en todas partes y a todas horas! Me costó meses entender que el celular había dejado de sonar porque ahora se comunicaba conmigo a través de la memoria, que no estaba solamente en la casa sino en cada lugar al que fuera caminando junto a mí, ahora estaba trabajando conmigo en la oficina, desde dentro, la luz de su memoria estaba encendida para siempre, dejó de ser director y se convirtió en notas y melodías que sonaban en cada plato que comía.

Ojalá hubiera entendido antes que lo único que dejó fue el plano terrenal, pero energía regreso a La Fuente, ahora es parte de cada gota de lluvia, de cada puesta de sol, de cada rayo de luz, cada abrazo de mi madre, cada beso de mis hijos; es parte de las carcajadas y del llanto profundo. ¡Es parte de Todo! Está presente aquí conmigo siempre, pero también está presente con mis hijos, con su madre, con sus amigos y con la gente que él quiera estar, a la hora que quiera estar, en donde quiera estar, siendo libre, siendo aire, siendo sombra o siendo sol, agua o fuego o todo al mismo tiempo.

Una semana antes de que él muriera, murió el abuelo de César, uno de mis mejores amigos de la adolescencia, don Joaquín, y sin saber que mi papá estaba a punto de morir también, le dije a mi amigo que "la muerte" era la llave de "la inmortalidad" porque ahora don Joaqui, viviría para siempre en forma de espíritu, tratando de darle consuelo. Una semana después entendí que no hay palabras ni acciones ni absolutamente nada que pueda consolar, más que el tiempo, y más que nunca, tuve que abrazar mi idea de la muerte para encontrar en esa filosofía paz y justamente consuelo, y lo logré, después de algún tiempo me di cuenta que eso es cierto, siempre y cuando yo quiera.

Hay días en que mi padre se hace presente con pensamientos repentinos y escucho su voz clarito en mi cabeza diciendo alguna frase para ese momento. Otras veces cuando estoy en crisis, siento su paz, como si me abrazara y me dijera que todo va a estar bien, pero aún cuando no "lo escuche" o no "lo sienta" de manera consciente, sé que está presente y que puedo hacerlo presente en cualquier segundo.

Y de la misma manera en la que veo la muerte quiero y me empeño en hacérselo ver a mi gente más cercana, por lo menos a mis hermanas, a mi madre y a mis hijos, porque yo quiero que sepan que el día que no esté físicamente con ellos, lo estaré en espíritu, en alma y en energía.

Así que lo que nos duele de la muerte es eso, es no poder tomar el celular y llamarle por teléfono o ir a visitar e intercambiar un abrazo o escuchar su voz de manera física. Ojalá fuera tan fácil como se lee darnos cuenta de que el dolor a la muerte es mero egoísmo porque cuesta saber que cuando alguien "muere" en realidad está naciendo a la vida infinita, a la omnipresencia.

¡Qué tarde me di cuenta que había estado siendo un egoísta!

Pero bueno, con estas letras que quiero dedicar a Regi, Alex y Octavio se me fueron dos horas y media de la tarde, siendo ahora las 17:29. Podría quedarme más horas aquí sentado, sintiendo el aire y viendo la puesta de sol, escuchando a las garzas y viendo pasar güeritas jaja seguro aquí está papá deleitándose la pupila junto a mi, pensando en que cuando muera, tal vez no los capuchinos, pero mis hijos puedan hacer floreros y macetas con mis huesos como hacían los monjes. Incluso podrían hasta pintarlos o pegarles cuentitas de chaquiras jaja.